¿Cuál es el origen de los gallos de León y su pluma para la pesca?

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La cría de una raza de gallos de León específicos para la elaboración de moscas para la pesca con sus plumas es una actividad con varios siglos de historia que se realiza en un lugar determinado de la provincia de León (España). Allí los habitantes consideran estos animales uno de sus mayores reclamos para el turismo y una fuente de ingresos para la economía local. La fama y la calidad de las plumas que se obtienen es de carácter mundial, conociéndose internacionalmente como “coq de Leon”.
En plena montaña leonesa, a medio camino de la capital y el embalse de Riaño camina encajonado entre moles de piedra el río Curueño. En el angosto valle que forma, de poco más de 40 kilómetros hasta morir en el Porma, se sitúa un reducido número de pueblos peculiares, cuya fama no ha sido ganada por sus quesos, sus embutidos o por la arquitectura de sus monumentos.
Cualquiera que atraviese con su vehículo localidades como La Cándana, La Vecilla, Campohermoso o La Matica observará una peculiaridad que se repite en la mayoría de sus casas; todas ellas disponen en su jardín, celosamente guardados por verjas y mallas infranqueables, numerosos ejemplares de gallos, y lo más normal es envolverse en el cacareo que sirve de banda sonora a esta región.

Ventajas de pescar con pluma de coq de Leon

La cría de este animal es un recurso importantísimo para la región, cuyas plumas son valoradas como uno de los mejores materiales para la confección de las moscas artificiales para la pesca. Unas fibras naturales que los montadores son capaces de convertir en alas, patas y cuerpos de las imitaciones de insectos que realizan y que después serán engullidos por las truchas de medio mundo.
Hoy en día, las plumas de gallo de León son consideradas ya un elemento insustituible por sus propiedades de color, durabilidad y movilidad, y el volumen de artesanos que se dedican a su cría, pela y posterior venta (la mayoría también son montadores) es de cierta importancia dado el tipo de sector en el que están integrados. Tanto como la demanda que tienen que cubrir a través de pedidos que les llegan por correo, Internet o teléfono, ya que las plumas de gallo de León se venden a medio mundo, siendo Francia el pionero en descubrir esta “riqueza nacional”. Muchos han pasado de ser simples agricultores a pequeños empresarios que saben que su producto sólo es posible obtenerlo en estas tierras tan peculiares.

Gallos de León, pero asiáticos

En el mundo de la avicultura, la raza a la que pertenecen los gallos de la zona región está considerada una rareza de la que no existen demasiados estudios clarificadores. El origen de la variedad parece encontrarse en un gen de las gallinas de raza andaluza que fueron introducidas por los árabes en el siglo XII, que se habrían mezclado con ejemplares de gallo asiático provenientes de este continente hace varios siglos. Éstos, se caracterizaban por un cuerpo de color oscuro y alas, cresta y demás partes rojizas.
Después, los cruces espontáneos y factores como el tipo de suelo, la climatología, la radiación o la cantidad de luz solar han dado lugar a que se convirtieran en una raza única con plumas especiales en cuanto a textura, tono, espesor y brillo. Eso lo demuestra el hecho de que otros, criados en zonas cercanas de la provincia y a muy pocos kilómetros, no se parecen en nada y la pluma degenera muy pronto, pierde brillo y llega incluso a rizarse, por lo que no son útiles para el arte de la pesca. Pero, los que ahora se crían no presentan sólo las tonalidades tonalidades originarias, y han sido modificados hasta dar distintas variedades de pluma dependiendo de su color.

Las plumas de León en el Manuscrito de Astorga (1624)

En el plano de la pesca, la primera referencia que se hizo tiene alrededor de 400 años. Ya en la obra de Juan de Bergara, pionero en la literatura de este tipo en España, se hablaba de ellos y sus bondades. En su afamado Manuscrito de Astorga, de 1624, se alaba a los gallos típicamente leoneses por la calidad y excepcionalidad de su pluma, citándose hasta 33 tipos de anzuelo para pescar con mosca durante las distintas épocas del año. Más tarde, en 1825, Luis Peña amplió también a cuarenta y uno las posibilidades de hacer moscas distintas con las diferentes plumas de gallos de León.
Pero tampoco todos los pueblos de la zona son iguales y las diferencias según los entendidos son notables  a pesar de encontrarse todos en un radio de un 15-20 kilómetros. Suele decirse que es en Boñar, La Vecilla, La Cándana y Valdepiélagos donde se dan las mejores plumas para el montaje de moscas debido a la radiactividad del suelo; otros afirman que es el microclima existente el que marca la diferencia.
Sea como sea, todos están de acuerdo en que se trata de un ave peculiar sobre el que los científicos no se ponen de acuerdo, y sobre el que se limitan a certificar que misteriosamente sólo presenta esas características si es criado en la zona en cuestión, perdiendo sus cualidades cuando es desplazado a otros lugares, llegando incluso a enfermar.

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