¿Por qué hay menos salmones en España que antes?

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Sen los años setenta se pescaban en los ríos del norte de España más de 10.000 salmones, y verlos en cualquiera de ellos era algo relativamente fácil, hoy en día esas cifras se han reducido hasta diez veces. Es una situación crítica.
El llamado “rey del río” es una especie catalogada actualmente en la categoría “V” (Vulnerable) del Libro Rojo de los Vertebrados de España, además de “especie animal de interés comunitario” dentro de la Directiva de Hábitats de la Unión Europea y otras consideraciones de vulnerabilidad en el ámbito nacional y continental. Son algunas razones que justifican los problemas del salmón en España.
Sin embargo, las autoridades se han puesto en marcha para salvarlo hace relativamente poco tiempo, cuando se decidió impulsar los centros para su estudio y protección y promover la solución de los grandes problemas que encuentra el salmón para remontar nuestros ríos. Todas las comunidades implicadas —Galicia, Asturias, Cantabria, País Vasco y Navarra— decidieron, entre otras cosas, la realización de unas Jornadas del Salmón Atlántico en la Península Ibérica con carácter anual, en la que se dieran cita los mayores expertos nacionales e internacionales en la conservación de este pez, con especial énfasis en escuchar lo que ya habían puesto en práctica los científicos de regiones como la de Maine (Estados Unidos), Irlanda o Escocia, por citar algunos ejemplos de situaciones similares a la nuestra.

Ríos salmoneros de España en el límite de su distribución mundial

Nuestro salmón atlántico (Salmo salar) sigue constituyendo uno de los misterios de la naturaleza, a la que los científicos no han podido extraer todavía los mecanismos biológicos que le llevan a retornar a las mismas cabeceras de los ríos donde han nacido para reproducirse, después de un período de varios años en el que crecen en las aguas del Ártico y el Atlántico más septentrional.
En su camino río arriba para perpetuar la especie, la mayoría morirá por causas natura-les debido al sobresfuerzo, que se culminará con el gasto de energía de la freza (los salmones nunca se alimentan en agua dulce). Los más fuertes, los que han superado el cansancio y las heridas e infecciones provocadas por el roce con rocas al remontar los saltos de agua, serán capaces de, una verter una semilla en la hembra para después dejarse arrastrar río por las corrientes e intentar volver al mar.
Pero este proceso fascinante del reino animal se ve alterado por la mano del hombre con sus actuaciones sobre los ríos. La pérdida de hábitats, los vertidos, las captaciones abusivas de caudal, los obstáculos infranqueables o la sobrepesca han terminado por agravar el panorama.
Hay que ver de cualquier modo la situación en su contexto, y tener en cuenta, por ejemplo, que el Miño se considera el río más meridional en el que habita esta variedad en el mundo (el último si lo miramos en un mapa) en una distribución mundial que abarca la costa atlántica norte de Estados Unidos y Canadá y la mayor parte del continente europeo que aporta aguas a este océano, excluyendo algunas regiones de Alemania y Polonia donde hace años, e incluso siglos, que no se ven salmones.
Dentro de España, se consideran ríos históricamente salmoneros prácticamente la totalidad de los cauces medianamente caudalosos que desembocaban en el mar Cantábrico, desde el Bidasoa, en Fuenterrabía, hasta el Miño, en Tuy. En total, más de cuarenta ríos de los que apenas quedan una docena con poblaciones estables y mayoritariamente en Asturias, que acumula en torno al 80% de las capturas totales, centradas a su vez en dos ríos emblemáticos: el Sella y el Narcea.
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El ciclo del salmón le hace uno de los peces más vulnerables.

Estadísticas de capturas de salmón y contadores

El único método del que se pueden extraer estadísticas y cifras para evaluar el número de salmones que año tras año entran es la pesca deportiva, a través de las capturas que se realizan y que se recogen en los departamentos de Medio Ambiente, fruto de la estricta normativa que obliga a precintar todos los ejemplares conseguidos en unos centros a pie de río estipulados en cada cuenca.
La pesca, que se realiza de marzo a julio o agosto/septiembre, según las zonas, se practica únicamente con peces en su ascenso -nunca después de que hayan desovado- y se calcula que un tanto por ciento muy elevado de los que hay en un río en ese momento caen en los señuelos de los aficionados.
De la cifra récord de 9.326 salmones pescados en el año 1969 se ha pasado a menos de 500 en las últimas temporadas. Pero, para hacer estos números más fiables y con rigor, en la escala salmonera de Caño, en el Sella asturiano, se colocó el primer contador de peces de este tipo de España. Una célula fotoeléctrica, colocada en el único y estrecho paso del río en ese punto, recoge la forma, peso y medida de todos cuantos peces remontan dicho tramo para dar una idea de la situación real del río.
Este sistema aportó en su primer balance los siguientes datos en el período del 18 de agosto a primeros de octubre: 3.964 pasaron río arriba y 1.517 lo hicieron río abajo, con el resultado de más de 2.000 ejemplares en ese tiempo en los alrededores, desplazándose. Poco a poco se han ido inaugurando contadores similares en otros ríos del norte de España. La idea es clara: antes de continuar protegiendo nuestros salmones tenemos que saber exactamente cuántos tenemos.
Más información: La NASF, un organismo que paga para que no se pesquen salmones

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