Los problemas del salmón atlántico en España

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Foto: Don Taylor
 
Los ríos españoles suponen el límite más meridional de distribución del salmón atlántico (Salmo salar), lo que implica que las poblaciones de esta especie estén especialmente amenazadas por diversos factores. Al ser una especie anádroma, (que nace y crece en el río pero se desarrolla en el mar) su retorno para reproducirse a los ríos que le vieron nacer es complicado en todos los cauces del planeta donde habita, aunque en ciertas regiones como la Península Ibérica la escasez histórica de ejemplares agrava la situación.
Este pez es originario del Hemisferio Norte y exclusivamente de las aguas del océano Atlántico, si bien se encuentra introducido en el Hemisferio Sur en ríos de Argentina y Chile con notable éxito. De su hábitat original en Europa, apenas quedan 19 países con poblaciones más o menos estables, habiéndose extinguido completamente en Alemania, Suiza, Países Bajos, Bélgica o Eslovaquia. La mayor parte de los salmones mundiales –cerca de un 90%- se concentra, sin embargo, en sólo cuatro países: Escocia, Irlanda, Noruega e Irlanda. En el caso de España, se consideraban salmoneros al menos 41 ríos distribuidos entre Galicia, Asturias, Cantabria, Euskadi y Navarra, de los cuales apenas una docena sigue dando ejemplares.
Todo ello es cuantificable por el control de las estaciones de conteo y por la acción de los pescadores, de cuyas estadísticas de capturas se obtienen los datos más fiables debido a la gran presión existente. Se estima que alrededor de la mitad de los salmones que remontan los ríos son capturados, por lo que extrapolar estas cifras da una idea de su situación real. Dese 1949, año del que se tienen datos fiables por primera vez, las capturas de salmón con caña han ido evolucionando en ciclos que van desde los 6.000 ejemplares de media en la década de 1960, a los 4.500 en los años 70, 4.000 de los 80 y los 1.900 que se pescaban en los 90. En todos los casos, la mayoría se concentran en Asturias y tres ríos: el Sella, el Narcea y el Eo. En 2009 no se ha llegado ni a un tercio de los mismos. Toda esta escasez se debe fundamentalmente a varios factores:

Modificaciones del entorno fluvial del pez

En muchos de los ríos ha desaparecido el bosque de ribera tradicional y ha proliferado la construcción de escolleras, alterando gravemente el lecho fluvial. Junto a la extracción de áridos, estos elementos son determinantes para que el salmón no encuentre en el fondo del río las capas de grava necesarias para realizar sus frezaderos naturales.

Contaminación en los ríos salmoneros

Los ríos son objeto todavía de vertidos incontrolados, aporte de nutrientes excesivos o de sedimentos que son arrastrados por la corriente. Los metales pesados y otras sustancias tóxicas suponen en ocasiones mortandades de salmón o cambios en su conducta, lo que puede desembocar en una mala disposición de la especie para la reproducción.

Presas infranqueables

Son el gran problema para que el salmón remonte hasta sus lugares escogidos para la freza. A pesar de que se han eliminado barreras infranqueables para este pez, en algunos casos las soluciones escogidas (escalas salmoneras) no están debidamente construidas y no funcionan debidamente. En otros casos, la envergadura de las barreras hace imposible cualquier tipo de solución.

Degradación del hábitat marino del Salmo salar

Tras 2 ó 3 años en el mar, el salmón regresa nuevamente al río que le vio nacer para reproducirse. Si durante ese tiempo no encuentra suficiente alimento en forma de krill y otros animales, retrasa su vuelta o incluso deja de procrear. La sobrepesca de estos crustáceos y mariscos en algunos caladeros es determinante para su supervivencia.

Sobrepesca del salmón en el mar

El salmón tiene diversas áreas de alimentación marítima dependiendo de la zona del mundo donde nace. Mientras los salmones norteamericanos migran hasta el sur de Groenlandia para pasar sus temporadas en agua salada, los ejemplares europeos tiene dos emplazamientos diferentes. Por un lado, los salmones de la Península de Kola se trasladan hasta el norte de Islandia, mientras que el resto (casi todos los europeos y los españoles) se concentran en aguas del Mar del Norte entre Escocia y Noruega. Allí han sido sobrepescados durante décadas, lo que ha propiciado la disminución de stocks.
En la actualidad existen entidades internacionales como la Organización par la Conservación del Salmón del Atlántico Norte (NASCO) y la Fundación para el Salmón del Atlántico Norte (NASF) que se dedican a su protección y a la captación de fondos para comprar los derechos de pesca a las flotas de cada país. En otras palabras, se les paga para que no pesquen salmones. Esta labor ya ha conseguido detener la pesca en aguas de Irlanda desde 2007, lo que debería repercutir en el retorno de más salmones a los ríos españoles.

Política errónea de pesca deportiva del salmón

A pesar de que en temporadas se han pescado en los ríos españoles menos de 400 salmones (la peor cifra de los últimos 50 años), la pesca sigue permitiéndose con las mismas normas que hace décadas, cuando la abundancia era notoria. Se hace necesaria una política restrictiva y drástica para poder sacar adelante los pocos salmones que retornan a estas aguas y la introducción de la pesca sin muerte como alternativa. La cultura salmonera y el fuerte arraigo ribereño de esta práctica, principalmente en el Principado de Asturias, siguen chocando contra la realidad de una situación crítica que puede llevar al fin de la especie en pocos años.

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